lunes, 10 de agosto de 2009

acumulacion de tension


La dificultad en distinguir los actos violentos de los actos físicos no violentos, se debe a las diferencias culturales (y las visiones al interior de cada cultura) de sí ciertos comportamientos son o no aceptables. Sería muy complicado encontrar una definición que dependiera de: el momento y lugar donde el comportamiento violento tiene lugar, el tamaño del agresor o agresora, el tamaño de la víctima, y las reacciones de los testigos del comportamiento violento. Por tales razones, de aquí en adelante, se utilizará la siguiente definición de violencia:
"Un acto llevado a cabo con la intención de causar dolor físico o lesión a otra persona, la cual está incluida dentro de un ciclo de tensión-ataque-reconciliación, caracterizado por una intensidad cada vez mayor".
El dolor físico puede extenderse desde un dolor ligero (como el causado por una palmada en el cuello o rostro) hasta lesiones graves que pueden causar la muerte (quemaduras, cortes, fracturas, etc.).
Para entender la visión cotidiana sobre la violencia, ésta debe verse de una manera diferente. No debería clasificarse la violencia según el daño producido, sino desde el potencial de daño del acto violento, se produzca o no el daño. Esta precisión es útil para considerar dos categorías de violencia: los ataques leves y los ataques de gravedad:
Ataques leves: Por lo general, se consideran ataques leves a las cachetadas, los empujones y las "zurradas", frecuentemente calificadas de normales o aceptables como castigo correctivo para los hijos. Mucha gente no está de acuerdo con llamar "violentos" a estos actos. Esto se observa especialmente en el caso de los "correazos". Investigadores de la violencia familiar, quienes son vistos u oídos a través de programas de televisión o radio, o quienes son entrevistados por la prensa, a menudo reciben cartas de indignación de gente que critica el llamar "violencia" a un "correazo": "no utilicé la correa y estropeé a mi niño" "me castigaron con la correa y yo necesité eso" "mi pequeño estaría ahora muerto si yo no le hubiese dado correazos, eso le permitió saber que él no debe beber o comer ciertas cosas" (Gelles, 1997). Estos y otros argumentos suelen ser utilizados por los padres encargados de disciplinar a sus hijos.

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